17 de julio de 2008

Koh Tao

Después de la mala suerte que tuvimos con el tiempo en Koh Chang, ya era hora de poder estar un día entero tirado en la arena de la playa.
El jueves fue festivo, así que me cogí el viernes de vacaciones y salí el mismo jueves por la mañana casi con el bañador puesto. El avión salía a las siete de la mañana, así que mejor no os cuento a que hora sonó mi despertador, pero a las diez y media ya estaba mojándome los pies en el agua. Ese día lo pasamos en Koh Samui. El resort que había encontrado Myriam estaba muy bien y en una playa tranquilísima y preciosa donde pasamos todo el día tirados.

A última hora de la tarde alquilé una moto con Jaime (hermano de Myriam) y nos fuimos a dar un paseo por la isla y visitar unas cascadas.

Al día siguiente también madrugamos porque queríamos coger un ferry que nos llevara a Koh Tao temprano para poder disfrutar del día, pero la compañía tuvo problemas con uno de los barcos y llegó con casi tres horas de retraso, y el tiempo de espera lo entretuvimos discutiendo con la gente de la compañía hasta que nos prometieron devolvernos el dinero de un billete completo por pesados, pero ya habíamos perdido casi el día entero, pero no nuestras ganas de playa y acabamos dándonos un baño bajo la luna.

Para el día siguiente habíamos contratado un par de inmersiones de buceo, así que por la mañana nos dimos un baño tranquilo en la playa que teníamos casi a los pies de la cabaña y a medio día embarcamos. Estuvieron bien las inmersiones, pero creo que después de haber estado en las Islas Surin y haber visto de todo allí esto me pareció un poco pobre, pero exploramos una cueva que estuvo muy guay.

Al día siguiente nuevo madrugón para volver a Koh Samui y encima cuando pusimos el pie en tierra vimos que estaba mojada por el agua que estaba cayendo. La decepción se apoderó de nosotros. Yo tenía billete de vuelta para el día siguiente (lunes) a las seis de la mañana para poder llegar en hora al trabajo, pero Myriam volvía ese mismo día a última hora, y con este tiempo no nos apetecía gastarlo metidos en la cabaña. Fuimos directamente al aeropuerto para ver que posibilidades había de cambiar el billete de avión para mañana a primera hora o para ese mismo día y media hora después y sin habernos dado cuenta estábamos facturando las maletas de vuelta a Bangkok. Al rededor de las tres de la tarde entraba por la puerta de mi casa.
El resto del día retozando por la casa.
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