5 de febrero de 2008

Phetchaburi

Este plan nos ha salido un poco rana, pero alguna vez tenía que ocurrir y más vale que fuera aquí y no en otro lugar mas lejos.

El viernes nada mas salir de la oficina cogimos un tren. Desde que estoy aquí sólo había cogido uno para ir a Ayutthaya, y sabiendo como son esta vez viajamos en segunda clase, que en realidad no tiene mucha clase pero al menos tiene asientos reclinables donde puedes dormir. La distancia es corta, unos 200 Km, pero tardamos unas cuatro horas porque va parando por todos los pueblos y es algo así como un tren de cercanías. Así que lo cogimos las tres de la tarde y llegamos a las siete, un poco infierno, pero bueno.

Aquí se encuentra el antiguo palacio de verano del rey Rama V y una gran cantidad de templos budistas, así como un parque nacional y costa con playas. Ese fin de semana se celebraba un festival en el que habrían fuegos artificiales e iluminarían el palacio por la noche. Vinimos muy ilusionados por lo que habíamos leído en la Lonely Planet.

En esta ocasión no dormimos en un guest house ni en un resort sino en un hostal que daba un poco de miedo y que recordaba a un reformatorio de película. El pueblo estaba bastante tranquilo para que al día siguiente se celebrara el festival. Fuimos a cenar al primer lugar que nos pareció decente, y no fue fácil por la poca cantidad de sitios que había y allí nos tomamos una sopa Suki y unas cuantas cervezas mientras polemizábamos sobre la vida.


No nos costó mucho encontrar la discoteca del pueblo después. El dueño, que hablaba muy bien inglés y que nos hacía pensar que debía haber estado viviendo en el extranjero una larga temporada, nos trató muy servicialmente para que entráramos, y es que éramos los únicos farangs y todo el mundo nos miraba. Después de hablar un poco con él nos preguntó qué habíamos ido a hacer allí, y ya os podéis imaginar nuestra cara cuando, después de decirle lo del festival, nos explicó que había sido aplazado por la muerte de la hermana del rey. Murió el 2 de Enero pero se ha establecido un luto de cien días por lo que hay algunos lugares cerrados y otros eventos cancelados. La verdad que nos entró bastante bajón cuando nos lo dijo. David y Adriana, las dos últimas incorporaciones de la oficina, decidieron coger el siguiente tren de vuelta a Bangkok que salía a las 12:30 de la noche, pero ya que estábamos allí no íbamos a volvernos y veríamos lo poco que nos pudiera ofrecer.

Nuestra idea era quedarnos hasta el domingo para que nos diera tiempo a ir a la playa y a verlo todo, pero decidimos volvernos en tren de las 15:00 del sábado para que nos diera tiempo a salir por Bangkok. Así que dormimos un poco mas de la cuenta y después nos fuimos al 7-eleven a comprarnos algo para desayunar cuando nos llevamos la primera sorpresa del día. Habíamos comprado unos croissant muy ricos que íbamos a ir a comernos a un parque muy bonito que había justo enfrente.


Kiko llevaba la bolsa en la mano, junto con el resto de cosas compradas, cuando de repente notó un fuerte tirón, fue todo muy rápido, su primera impresión fue que era un perro, pero nosotros que estábamos un poco mas alejados vimos como uno mono salía corriendo con nuestros ricos croissant!!! El tío se subió a un tejado y se puso a comerlos mientras disfrutaba de las vistas, a continuación tiró los croissants, bajó rápidamente del tejado por un poste de madera, cruzó corriendo la carretera sin mirar ni usar el paso de cebra y se abalanzó sobre la bolsa de un pobre niño que iba paseando con sus padres. El crío pegó un salto, soltó la bolsa y salió corriendo. Que ganas me dieron de haber tenido una escopeta de aire comprimido para enseñarle al mono ese a no asustar a los niños. Mas tarde nos dimos cuenta que en este pueblo abundaban los monos.

Ya repuestos del susto nos cogimos un tuk-tuk que nos llevó al lugar donde teníamos que coger un funicular que nos subía a la cima de la montaña donde estaba el palacio. Realmente no es un palacio como os podríais imaginar. El edificio principal es pequeño y solo tiene un par de salones, un par de habitaciones, un despacho y poco mas, y la decoración es escasa, pero mezcla el estilo europeo con el chino. Lo bonito son los alrededores del palacio. Los árboles frondosos tapan los Chedis y los lugares dedicados a la oración. Es muy bonito pasear por la gran extensión donde reina la tranquilidad y por un momento te transportas al pasado y sientes como era la vida del rey en esos meses calurosos.



Otra de las sorpresas que nos encontramos fue ver las primeras papeleras digitales, si si aquí en Tailandia!!

Y es que este país es capaz de lo mejor y de lo peor

Cuando llegamos de vuelta abajo con el teleférico, nos dejó en una cúpula con dibujos tallados. A la subida no le presté demasiada atención, pero esta vez me fijé mejor y fue la tercera sorpresa de la jornada.

Fijaros en la marca del motor



El calor era sofocante e íbamos buscando el cobijo de los árboles para no achicharrarnos, entonces cambiamos las alturas por el subsuelo. Fuimos a ver unas cuevas donde había un montón de budas de todos los tamaños, formas y nacionalidades (porque los había indios con cara de tigre). Vimos uno muy curioso que tenía un montón de juguetes al rededor, y el guía nos explicó que la gente donaba juguetes para que les ayudara a tener un hijo, debe ser algo como la Virgen de Regla que es la diosa de la fertilidad.



Y aquí acabo lo interesante. El viaje de vuelta fue bastante pesado porque no había segunda clase y nos tocó ir en tercera, en asientos duros donde casi no podías apoyar la cabeza, hacía calor y por la ventana entraba tanto polvo que parecía que hubiéramos jugado en partido de fútbol en la tierra como cuando éramos pequeños.

El resto del fin de semana lo dedicamos a tomar unas copas por la noche y descansar el domingo, que ya tocaba.
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