10 de enero de 2008

Koh Samui


¡¡¡¡FELIZ AÑO A TODOS!!!!

Pues ya estoy de vuelta después de unos cuantos días de vacaciones y, como siempre, la vuelta es dura. Me he tirado todo el primer día leyendo, contestando correos electrónicos y poniendo cosas al día. Pero bueno, vamos al tema de los viajes que es lo que interesa.

El sábado a medio día llego Samantha de Madrid para pasar la nochevieja y hacer un poco de turismo por Tailandia. Para paliar el viaje la llevé a darse un masaje de aceite relajante y por la noche a tomar una copa al Siroco. Después de estas dos cosas nadie puede decir que Tailandia es un mal lugar para venir.

Al día siguiente cogimos el avión rumbo a Koh Samui que es una isla justo en frente de Koh Pha Ngan y es la tercera mas grande de Tailandia y por tanto una de las mas visitadas. Está muy bien porque tiene un poco de todo: espectaculares y solitarias playas para relajarte viendo el atardecer, grandes y animadas playas donde poder practicar deportes náuticos como windsurf, catamaran, moto acuática, wakeboard y demás, cantidad de templos y budas que visitar, selva y cascadas donde sentirte como Indiana Jones y ambiente y marcha por la noche. Además tiene una carretera que rodea toda la isla y es bastante cómodo alquilarte una moto e ir de un sitio a otro. Lo único que no me gustó es que es de lo más turístico que he visto, no hay grandes resorts pero si mucha gente y tráfico por ciertas zonas.

El resort estaba bastante bien, y además nos habíamos cogido una suite view room que tenía vistas directas al mar desde la cama y una super ducha de pie muy bien diseñada. Me encantan los cuartos de baños de los grandes hoteles.
Pues corriendo nos pusimos los bañadores y nos fuimos a la zona norte de la isla . Estuvimos visitando un Gran Buda y luego fuimos a comer y a pasar la tarde a una playa que tenía una pequeña isla justo en frente y a la que se podía llegar nadando.



A partir del día siguiente el tiempo se torció y excepto el último día el tiempo estuvo nublado, lloviendo en ocasiones y con mucho viento. Así que tuvimos que cambiar la playa por los templos, la selva, las cascadas, los elefantes y las compras. De esto no hay mucho que decir, así que os pongo las fotos.



Por la noche estuvimos buscando algún lugar especial para cenar, pero en los únicos sitios en los que hacían cenas especiales era en los resorts y pedían demasiado dinero o estaban completos, así que nos tomamos una rica carne a la brasa. Yo eche mucho de menos la gamba roja, los cangrejos y demás pescado que solemos tomar en navidad, así que para el año que viene tomaré ración doble. Durante la cena empezamos a ver una gran cantidad de grandes globos de papel en el cielo (aún no se como se llaman estos globos) que venían de la playa y como imnotizados, al terminar de cenar seguimos la procedencia de estos globos hasta llegar a la playa. Allí nos tomamos unos mojitos mientras veíamos el lanzamiento de fuegos artificiales y globos. Y así terminamos el año. No hubieron ni campanadas, ni un reloj "oficial" que indicara el momento exacto en el que entrabamos en el nuevo año, así que cuando lo consideramos brindamos y nos felicitamos. Tras un rato mas en la playa disfrutando del buen tiempo, el ambiente y los fuegos artificiales y globos que no paraban de salir nos fuimos a buscar algo mas de marcha. Al final, no sin poco esfuerzo y de varios paseos a lo largo de varias calles, acabamos en una discoteca que por fuera era un claro homenaje a Bob Marley pero por dentro era una gran discoteca como otra cualquiera con música tecno.


El día siguiente seguimos con nuestras rutas de templos, pero en esta ocasión vimos algo curioso en uno de ellos. Tenían un monje momificado expuesto en una vitrina. Resulta que el monje predijo su propia muerte para una fecha determinada y acertó, manda huevos. Antes de morir dejó escrito que quería que lo dejaran en la posición de meditación para mostrarla a los futuros discípulos.


Otro día fuimos a un lugar de oración muy curioso. Lo llamo lugar de oración en vez de templo porque no lo era, sino que estaba en la cumbre de una pequeña ladera dentro de un barco que habían construido de cemento. Debía de tener alguna relación con el mar y la navegación porque habían muchas ofrendas de barcos al buda que estaba dentro. Al rededor del barco había un pequeño laguito donde había una cantidad infinita de peces, tal era el número que compramos unas bolitas para darles de comer y cuando las echábamos se agolpaban unos encima de los otros y prácticamente salían del agua como si estuvieran haciendo la típica torre que hace la gente en la playa subiéndose a los hombros. Era una zona muy bonita y tranquila, pero los mosquitos nos estaban comiendo y tuvimos que salir pitando de allí.

La inercia de la escapada nos llevó a un pequeño templo encima de una pequeña montaña que tenía una carretera con una impresionante pendiente que un pick-up no fue capaz de subir, pero a nosotros no había quien nos parara con nuestra moto. Arriba se respiraba paz y tranquilidad, un monje estaba sentado en un banco mirando al infinito, y no me extrañaba nada porque las vistas eran para que se te cayera la baba.


Al final decidimos cambiar el vuelo y adelantar el regreso para que Samantha pudiera tener mas tiempo de visitar Bangkok, y dado que no podíamos ir a la playa tampoco tenía mucho sentido quedarnos mas días. Como siempre suele pasar, la ley de Murphy se cumple sin excepciones, y el último día salio el sol y el viento se calmo, así que desenpolvamos los bañadores y pasamos nuestras últimas horas en la playa.

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