20 de diciembre de 2007

Hasta pronto Macfer

Finalmente llegó el día en que nuestro ministro, mago, guía, profesor, compañero, consejero y sobre todo amigo tuvo que abandonar estas tierras tan amadas para él para volver a Madrid a buscarse un sitio donde asentarse y volver a adaptarse a una rutina que cuesta asimilar al principio pero que consigue apoderarse de ti finalmente. Yo aún no lo se, pero me hago una idea de lo duro que tiene que ser volver después de un año viviendo nuevas experiencias y conociendo gente nueva casi a diario a tu casa donde ves que nada ni nadie ha cambiado, todo sigue exactamente igual que cuando tu te fuiste. Parece como si el mundo se hubiera parado para todo el mundo excepto para ti.

Pues la despedida empezó el jueves en la oficina. Javi es muy querido aquí. Te trae regalos en cada viaje que hace, hace una ronda por todos los sitios para dar los buenos días al personal y preguntar que tal va todo y da un toque de alegría. Así que hicimos una comida en su honor en la que no falto el jamón, el queso, una ensalada hecha por nosotros y la ya típica comida mexicana que Faustina fabrica en su propia casa.


De izquierda a derecha: Loreto (la jefa), Chat-Uma, Lili, Nui, Kamron, Javi, Faustina, Elena, Leti y yo

Ya por la noche fuimos a cenar al restaurante de "Mari Carmen" donde comimos una auténtica comida tai y nos dimos los regalos del amigo invisible en el que me toco una "cosa" para colgar las toallas de mano del cuarto de baño o los trapos de la cocina.
De ahí decidimos ir a una discoteca nueva que nos habían recomendado. Estaba dentro del hotel Windsor y es una discoteca de las que cierran tarde y solo está regentado por tais. El sitio estaba bien, pero la música acabo rallándonos con tanto Hip-Hop, pero lo pasamos fantástico allí bailando y tomando unas copas.


El viernes, como era de esperar, estábamos todos muertos para ir a trabajar, pero aquí el cuerpo se te hace y al final soportamos bastante bien la mañana. Por la noche fuimos a cenar a un nuevo restaurante español que inauguraban en el Hotel Grand Millennium donde toda la comida que pidiéramos era gratuita y solo se pagaban las bebidas, así que ya os podéis imaginar como nos pusimos. Después de la cena nos tomamos nuestra última cerveza y charlamos con Javi disfrutando de las magníficas vistas de la planta 44.

Y así llego el día de la despedida. El día anterior, sin hacer nada, nos habíamos acostado bastante tarde, así que agradecí poder dormir mas de 9 horas seguidas, algo que aquí parece casi imposible hacer. Después de un bañito en la piscina subimos a ayudar a Javi a terminar de preparar sus maletas y al mismo tiempo preparar una última comida con él a la española. Uno no se puede imaginar la cantidad de cosas y trastos que puede acumular una persona durante todo un año. Nos fuimos al aeropuerto con cuatro maletas que obviamente no pudo facturar. Solo le dejaron dos y porque al final le lloramos un poco a la chica y le enseñamos la tarjeta de la embajada.

Una despedida muy sentida. Esto no va a ser lo mismo sin el, pero nos ha instruido muy bien y ahora debemos volar solos sobre estas tierras.

Un abrazo señor ministro. Que te vaya bonito. Nos veremos pronto.
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