3 de diciembre de 2007

Do nothing in Pai

Planazo, planazo, planazo. A pesar de que nos habían dicho que en Pai no había nada que visitar, que las únicas actividades eran hacer treking o rafting que ya habíamos practicado y que solo íbamos a pasar una noche allí, creo que ha sido la excursión mas divertida hasta el momento.

El viernes llegó Rubén, mi compañero informático del ICEX que está en Almaty, así que después de recogerlo en el aeropuerto salimos directamente a coger el autobús que nos llevaría una vez mas, ya van tres en los casi dos meses que llevamos aquí, a Chiang Mai. Como ya todos sabréis, llegamos por la mañana temprano y después de un chocolate caliente en la estación cogimos un tuk-tuk grande y nos fuimos al aeropuerto. Habíamos alquilado una avioneta privada de hélices que nos haría el trayecto que faltaba desde Chinag Mai hasta Pai. Era una avioneta pequeña sin separación entre pasajeros y pilotos y en la que sólo sobraba un sitio y eramos once. Fue super emocionante, estaba sentado justo detrás del piloto y podía ver todos los mandos y pantallas además de la vista frontal del paisaje. El trayecto fue corto pero intenso. Volamos a una altura máxima de 8000 pies y a una mínima de unos 3000, por lo que en ciertos lugares íbamos bastante bajos. La sensación de volar en una avioneta no es igual que en un avión grande. Se nota la ligereza y te da la sensación que si todos nos ponemos en un lado el avión va a hacer un giro completo como en las películas de guerra. El despegue es muy suave, y así como en uno grande se te pega la cabeza a los hombros, aquí no notas nada y ves como va ascendiendo lentamente.


Nos habían dicho Manu y Myriam que cuando hicieron lo mismo por el Cañon del colorado la mayoría se habían mareado y acabaron vomitando, pero aquí no le pasó a ninguno. Sobrevolamos unas montañas selváticas que posiblemente anduvimos y descendimos en balsa en los viajes anteriores y que atravesaríamos al día siguiente en moto. Aterrizamos en el aeropuerto que consistía en una única pista corta, en la que el piloto tuvo que usar los frenos a fondo para no salirnos, y una caseta.

Fuimos al guest house, dejamos las maletas y salimos a explorar. Pai es un pueblecito hippie al que se acercan muchos mochileros a pasar unos días de relax, aunque la mano del turismo se nota en cualquier sitio hoy en día. Está a unos 135Km de Chiang Mai y tiene una calle principal llena de puestos de ropa, artilugios para ponerse, puestecitos de comida y bares donde comer o tomarse una cerveza por la noche con música en directo.

Lo primero que hicimos fue ir a alquilar unas motos para poder movernos por allí ya que el guest house estaba a ocho kilómetros del pueblo y visitar un poco la zona.



Una vez libres de movimientos nos fuimos a ver una preciosa cascada a las afueras. Como aquí ahora es invierno y estábamos en el norte no había nadie metido en el agua, pero seguro que en la época cálida está lleno de niños tirándose por los toboganes naturales. Ya que este pueblo es famoso por no tener nada especial que hacer, nos quedamos relajándonos allí un buen rato.


Por la noche nada especial, cena en un sitio con música en directo y luego a tomar una copa a otro.


Al día siguiente dormimos como marmotas y nos despertamos a las once. Eran muchos días de sueño acumulado. Nos pusimos en marcha y bajamos al pueblo a "desayunar" (porque llegaríamos a la una) y a facturar las maletas que nos llevarían a Chiang Mai. Después empezó lo mas divertido del fin de semana. Cogimos nuestras motos y emprendimos el camino de vuelta a Chiang Mai para coger el bus de vuelta. Las motos son las típicas que hay en toda Tailandia. Una especie de scooter con marchas y de 125cc donde caben dos personas pero he llegado a ver hasta cuatro y que pueden alcanzar los 120km/h aunque marque 160. Eramos once personas, así que con seis motos íbamos bien. A la cabeza siempre el ministro Javi y yo a la cola controlando que nadie se saliera del rebaño.


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La primera parada fue temprana y visitamos un cañón con unas vistas preciosas.


Un poco mas alante había un puente de la segunda guerra mundial que cruzaba el río.


Y la última parada fue la más impactante. Fue un parque natural precioso con un riachuelo, pero arriba del todo había un par de grandes charcas donde el agua estaba a 80ºC de forma natural!!! Era impresionante, la gente metía bolsas con huevos y después de un rato se hacían duros!!!


Y empieza la carrera!! Ya no hubieron mas paradas y nos quedaban aproximadamente 100Km. El tiempo se nos echaba encima, teníamos que coger el bus de vuelta a las nueve. El segundo tramo del camino fue precisos porque la carretera transcurría por en medio de la selva que dias atrás habíamos sobrevolado en avioneta.





La noche y el frío terminaron por aparecer, pero eso no consiguió mermar nuestro animo y seguíamos disfrutando de la carretera kilómetro tras kilómetro. La selva termino y comenzaron las carreteras de varios carriles y el tráfico que nos decía que ya estábamos cerca. Finalmente, y después de cerca de cuatro horas subidos en las motos, alguna vuelta de mas debido a nuestra falta de orientación y 706 curvas llegamos al destino. Con mucha pena pero con una gran satisfacción por lo bien que lo habíamos pasado, cambiamos el viento en la cara y el ruido de la moto por una manta y un lugar donde apoyar la cabeza del autobús que nos dejó, una vez mas, en Bangkok.

Hasta ahora el fin de semana mas divertido de todos.
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