2 de agosto de 2011

DIA 1 - Llegada a Beijing

Llegamos a la capital de China después de muchas horas de viaje. Habíamos conducido desde Murcia hasta Madrid y casi sin tiempo de estirar las piernas nos habíamos vuelto a sentar en un avión que nos dejaría en Doha después de siete horas. Dos horas después nos metíamos en un nuevo avión para acabar por fin en Beijing. En total 15 horas de vuelo nocturnas, aunque llegábamos a las 15h según horario local.

Cansados cogimos un taxi para que nos llevara al hotel. Durante todo el viaje por China he agradecido haberme hecho una lista con todas las direcciones en caracteres chinos de monumentos y lugares de interés a los que podríamos ir, puesto que exceptuando los hoteles para turistas y los puestos de los mercados donde chapurrean un poco, en el resto se puede decir que no hablan nada de ingles.

Con mi cara pegada al cristal de atrás del coche, mi primera impresión de la ciudad no era la que me esperaba. Grandes edificios, no solo en altura, y avenidas de tres o cuatro carriles para cada sentido repletas de coches y donde impera la ley del mas fuerte. Una nube, que nunca he llegado a tener claro si era de polución o de lluvia nos ha estado amenazando todo el tiempo, pero el único día que el cielo se abrió pensamos que era mejor que se volviera la nube. El calor no es tan asfixiante aunque en esta época la temperatura era alta y rompías a sudar pronto.


Después de dejar las maletas y descansar un poco en el hotel salimos a dar un paseo y tener nuestra primera toma de contacto con la ciudad, aunque antes le pedimos a la recepción del hotel que llamara al Yuan quien iba a ser el encargado de llevarnos en nuestra magnifica primera excursión a la Gran Muralla China al día siguiente. Dedicamos la tarde a tachar algunas cosas de nuestra lista de cosas a hacer y nos dirigimos a Silk Street Perl Market (秀水街). Este es uno de tantos mercados dentro de un edificio de varias plantas donde se amontonan los puestos de todo tipo de cosas: ropa, bisutería, alimentación, complementos, souvenirs, ... Hicimos alguna compra y nos dimos nuestro ansiado masaje de pies al estilo chino. A pesa de que un masaje de pies siempre viene bien, no acertamos con el lugar. El precio era razonable, pero una vez empezaron trataron de elevar el precio ofreciéndonos todo tipo de cosas, bebidas, pedicura, una especie de polvos que supuestamente tenían no se que propiedades, otros tipos de masajes a la finalización del primero, .... Por supuesto no les valía con un simple "no gracias", sino que cada cierto tiempo volvían a insistir, por lo que no conseguías llegar a un estado de relajación.

Cuando salimos era ya la hora de cenar, así que nos metimos en un local por la zona y después paseamos un rato de vuelta hacia el hotel, pero tuvimos que acabar cogiendo taxi de nuevo. Las distancias en el mapa parecían mas pequeñas, pero la realidad es otra y algunas avenidas son interminables para hacerlas a pie.
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